Hace años, iba camino a la Academia Pitman (todavía no me había recibido de dibujante y era un estudiante de una curiosidad voraz), cuando mi tercer ojo de creativo percibio algo nuevo, misterioso, diferente, que me llamaba ("ey, Carlos, estoy aquí, espero por tí, jejejejey!!!") desde lo profundo de la vidriera de una pequeña librería en la mítica Tristán Narvaja. Crean o no, quien me hablaba era EL SILMARILLION. Sí, la obra maestra e incomprendida de DIOS TOLKIEN.
Entré a la librería con los patines puestos (en aquella época me pasaba patinando), di un giro de 90 grados hacia la vidriera y lo tomé. Recuerdo cómo los empleados me miraban atónitos, como los lemures miran al gusano que se transforma en mariposa. Luego fui hasta a la caja y pagué lo que había que pagar: $320. Aquella tarde fue la única vez que falté a la academia. Enloquecidamente patiné y patiné hasta llegar a mi cuarto. Me tiré en la cama con los patines puestos; no aguantaba las ganas de empezar a leer el libro. Y cuando lo abrí DENTRO DEL SILMARILLION HABÍA $330!!!
miércoles, 29 de julio de 2009
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